Hay momentos en la vida —y en el emprendimiento— en los que no fallamos por falta de talento, ideas o amor… sino por agotamiento.
Este blog nace de uno de esos momentos. Es la historia de cuando decidí parar, soltar mi marca Ekiitaya, y del porqué —meses después— entendí que volver a intentarlo también es un acto de valentía.
Capítulo 1: El día que apagué todo
Apagué el computador.
Después de meses invirtiendo tiempo, dinero, ideas y energía, dije: no más.
No más desvelos.
No más campañas que no funcionaban.
No más sentirme vacía mientras trataba de salvar algo que, en ese momento, no me estaba dando vida.
Recuerdo perfectamente ese día. Llevaba meses trabajando jornadas infinitas entre agencia de marketing, creación de contenido, páginas web y campañas que no daban resultados. Las ventas no llegaban, el cansancio físico y mental era brutal y, lo más duro de aceptar, estaba descuidando lo verdaderamente importante: mi salud, mi familia y mi paz.
No era que no creyera en mi marca. Ekiitaya seguía siendo mi sueño. Pero todo me estaba drenando. Y así, con lágrimas y un vacío en el pecho, decidí hacer una pausa.

Capítulo 2: El silencio de parar
Pasaron dos años trabajando para proyectos ajenos y un año completamente sumergida en la maternidad.
Un año en el que mi vida cambió por completo: nuevas rutinas, un amor inmenso, una transformación profunda… y, al mismo tiempo, un silencio creativo difícil de explicar.
Si tuviera que ponerle un nombre a ese periodo, sería “resignación”.
No me malinterpretes: amo ser mamá. Pero había algo en mí que necesitaba volver a crear, volver a soñar, volver a ser mujer con un propósito propio.
Ese conflicto interno —entre gratitud y vacío— es más común de lo que se dice, especialmente en mujeres creativas y emprendedoras.
Capítulo 3: Las razones que me hicieron volver
No volví por impulso. Volví por varias razones profundas.
La primera: nunca quise renunciar del todo.
Ekiitaya no era solo una marca. Era tiempo, amor, empaques, diseños, tejidos… pero sobre todo, una parte de mi alma.
La segunda: entendí que no quería vivir desde un solo rol.
Ser mamá no cancela mis otras versiones.
No es egoísmo.
Es libertad.
Y sí, la sociedad todavía nos castiga por querer más de una identidad.
La tercera razón fue mi hija.
Quiero que crezca viendo a una mamá feliz, valiente, que no se rinde ante el fracaso. Que sepa que su mamá cayó… pero también se levantó.
Capítulo 4: Lo que no quiero volver a ser
También volví porque no quiero regresar a una vida que no me representa:
- Horarios rígidos
- Estructuras sin alma
- Trabajos donde tus ideas no importan
- Sueños guardados en cajones
Quiero crecer, sí. Pero a mi manera.
Con historias que valen la pena contar.
Esta visión conecta profundamente con lo que comparto en otros espacios de este blog, donde hablo de moda consciente, artesanía y de cómo construir proyectos alineados con nuestros valores (puedes explorar otros artículos relacionados en el blog).
Capítulo 5: A veces parar no es el final
Si alguna vez has sentido que fallaste.
Que el cansancio te ganó.
Que lo que soñaste parece imposible.
Quiero decirte esto:
Parar también es parte del proceso.
No siempre es el final.
A veces es solo un punto y aparte.
Y si todavía lo llevas dentro…
Si todavía vibra en ti…
Entonces vale la pena volver a intentarlo.
¿Prefieres ver esta historia en video?
Este blog está basado en el Video 27 de mi canal de YouTube, donde te cuento esta historia de forma aún más íntima:
👉 El momento en el que fracasé, pero decidí volver a intentarlo
Reflexión final
Este espacio —el blog, los videos, Ekiitaya— no existe para mostrar caminos perfectos, sino caminos reales.
Si estás atravesando un momento de pausa, duda o reinvención, no estás sola.
Gracias por leerme. Gracias por estar.
Nos vemos en el próximo capítulo 💛
Deja un comentario